miércoles, julio 13

MICRORRELATO: Trofeos de Guerra



Él entró, cargó a los pequeños y se los llevó.  Maldita aspiradora no le permitió advertir su llegada. Sin palabras, sin dignidad, sin respuestas pero con una declaración de guerra, un cigarro y mucha angustia por quemar quedó ella. Fue el encaje de un puñetazo a su razón, Esta no es la justicia de Dios, pensó, y se lo planteó a la fiscal del lugar, que aunque mujer, no escuchó su  verdad,  A pecho de acero ha forjado el acusado un bienestar en este pueblo y un cómodo hogar para sus hijos, prosiguió  la acusadora, Bájese del barco de la mediocridad y revise sus prioridades. Su voz se quebró y por impotencia preguntó ¿Por qué usted que ha estudiado tanto no puede reconocer el desconsuelo de una madre?  Mis hijos no son premios de feria pero su propia interpretación de la justicia parece ser el galardón a sus intereses personales.

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