Caras frescas, dormidas, risueñas,
enfurecidas entraban y salían del bar. Hormigas hipnotizadas caminando de un
lado a otro buscando sitio, tropezando. La figura familiar de él la tranquilizó
y lo vio caminando hacia ella esquivando mesas y obstáculos humanos de manera
educada después de sonreírle a la distancia. <Me das paz, amor> piensa cuando lo ve.
Sin mirarla sonreía nervioso y acomodando sus cosas en la mesa se daba el tiempo para pensar cómo diría lo que venía a decir.
Sin mirarla sonreía nervioso y acomodando sus cosas en la mesa se daba el tiempo para pensar cómo diría lo que venía a decir.
Los saludos se dieron como siempre: tono
tierno, tímido Fácilmente lograban sentirse solos y abstraídos más allá
del público presente. El bullicio desapareció, ahora la mirada era profunda, directa pero
su paz frecuente traía una pena encubierta. Los ojos empañados de él la miraron
hipnotizados sin siquiera reparar en el caótico escenario que los rodeaba y mientras le sostenía
la mano le decía cuánto le gustaba tenerla, tocarla, amarla. Si tan solo supiera Lo importante que fuiste para mi, mi amor. <¿Fuiste?!!> Pensó ella y la palabra le bloqueó los sentidos… lo que vino a continuación no sabe si lo
entendió o lo adivinó: Mañana me voy de la ciudad,
Londres; me quedaré al menos dos años. Fue decisión mia o del trabajo, ahí ya no entendió bien. La despertó del espasmo un beso en la mejilla seguido de un: Lo siento niña, el amor es un
sentimiento que me anula mientras te tengo cerca, y no puedo perderme ahora en
este laberinto extraño del destino. No eres tu, soy yo que si se nos pasó el
arroz <bla bla>, esto es lo mejor. Prometo no molestarte, no buscarte; desaparecer de tu vida para siempre. No es bueno para mi volver a verte. Quiero
que seas feliz.- Y sin siquiera reparar en la cara desconcertada de su
acompañante él se fue dando pasos inconsistentes y medio accidentados hacia la salida.
El café ,único testigo del extraño suceso, estaba helado, como ella. Su mente no se cansaba de repetir una y otra
vez la palabra que su príncipe <ya no tan azul> dijo con tanta pasión,
seguridad y crueldad: -Fuiste… ¿Tendría que llorar? <Todo fue muy rápido>.
En ese momento no había sentimiento cuerdo que permitiese desencadenar algún
tipo de demostración física como reír, lagrimear, patalear o salir a rastras
detrás de él. <Ya se! abstracción de pensamientos>, tal y como repite su religión.
Pero inmediatamente después de ese placebo comenzaron a caer, maliciosamente
acomodadas todas y cada una de sus emociones. <Lo amo y nunca se lo dije>
se confiesa. Pero ya era tarde. ¿Lucharía por el?
No. Lo conocía bien. ¿Cobardía o jugada del destino? Lo cierto es que el tiempo
o el miedo no parecían bendecir esa relación. Soltó unas monedas en la mesa, se
paró y sorteó los obstáculos <otra vez> bulliciosos hasta la salida cuando comenzó
a sentir una enorme tristeza que presionaba su pecho tanto que a la vez la
embriagaba con suaves y extraños vientos de cambio. <Tal vez en otra vida, tal
vez en otro mundo> dijo, entretanto las puertas del bar se cerraron detrás de
ella. <Fuimos!>
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