Todos hemos presenciado el último año en España, y después del “ladrillazo”, que muchas administraciones públicas han sido intervenidas y varias tramas de corrupción destapadas, en donde se han visto implicados cargos públicos y políticos, funcionarios, empresarios y otros personajes famosos. “20Minutos.es” publicó una lista de “…ayuntamientos corruptos o sospechosos de cometer alguna irregularidad urbanística.” En éste listado figuran doce comunidades autónomas y provincias que fueron víctimas de las “hazañas” de unos pocos.
En quién confiamos? Al fin y al cabo pagamos nuestros impuestos, cumplimos con lo que “debe ser” y poco nos preocupamos en pensar cuál sería la posible solución ante la conducta desmedida o abusiva de ciertos “personajes” que se califican como “políticamente correctos”. Pero bien claro está que cuando es nuestro propio bolsillo el que se ve afectado por la crisis actual, necesitamos otro tipo de soluciones y menos muestras de irresponsabilidad y deshonestidad.
Las instituciones se están volviendo anticuadas y precarias y parece ser que son las que están causando el mayor problema en la sociedad. Los problemas provocan movimientos y estos movimientos generan el cambio. Ahora miramos con “ojo de pájaro” nuestra realidad social, porque nos toca de cerca y no pienso que sea tan fácil hacer la “vista gorda” ante las próximas decisiones políticas, sociales o económicas.
Pero volviendo a los problemas. Estos nos han llevado a un punto en el que es necesario transformar al “hombre” antes que al ciudadano. Hay que revisar nuestras viejas tradiciones y sus condicionamientos, a fin de volver a tomar de ellas el aprendizaje de su historia y no la resaca de sus hábitos deshonestos ya que pienso que debido a esto, muchas actitudes desmedidas de ambición amparadas por falsas justificaciones, tienen la osadía de seguir adelante con sus hazañas. No fue esto lo que nos enseñaron y tampoco creo que sea esto lo que cualquier ciudadano medio está dispuesto a tolerar ahora mismo y justo en frente de sus narices. No somos tontos, tampoco ciegos, y lo peor para vosotros y lo mejor para nosotros es que nos estamos cansando y el martillo de la justicia moral está comenzando a descender.
Comienza ya a visualizarse la nube de polvo producida por el derrumbe de las “petrificadas” estructuras económicas que heredamos de nuestros antepasados, las cuales marcaron un hito en las últimas décadas y gracias a esto podemos corear que los grupos políticos están trabajando incansablemente para saber cuál será el nuevo perfil públicamente aceptable luego del “ciclón” mundial y que pueda, desde luego, lograr mantener a flote sus viejas costumbres o “tradición”. Y digo que lo podemos corear, porque de lo que no se dan cuenta todavía éstos grupos, es que ya se puede vaticinar una especie de cambio total en la estructura de la sociedad, o “meritocracia”, como le llaman algunos grupos ideológicos.
La nube de polvo producida por el derrumbe carga consigo partículas de justicia que son sembradas en nosotros forzándonos, en cierta medida, a exigir más y a tolerar menos.
Mientras las viejas ideologías políticas e instituciones no se muevan 360º en dirección a las nuevas y reales necesidades de la sociedad, como por ejemplo estructuras educativas y gubernamentales, ninguno de ellos sobrevivirá porque serán (buenamente) devorados por grupos promovidos por una nueva visión que, seguramente, ya está en camino.
Después de todo… lo único que permanece es el cambio.
Natalia Lescano|2009
Foto: mivozcolombia.wordpress.com

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